miércoles, 12 de agosto de 2015

Te avisé una noche de marzo.

Vamos a hablar de lo que yo odio que llueva de noche y no me deje dormir
y lo que tú amas que llueva de noche para poder dormir,
me urges dentro del corazón,
mientras ruges en mi cuello.

Hueles a primavera constante y sabes a deseo universal, eres.
Cómo es ese lunar que tienes en el lado derecho del cuello,
que me grita que muerda una y otra vez hasta erizar a todo su ejército.

En cada pestañeo tuyo nace un niño, dimite un político y hay un hogar para todos los desahuciados.
Desahucio, despido y dimito a las ocho maravillas del mundo en vistas,
y me quedo con el ron de tus ojos.
Con tu risa, tu sonrisa, y lo que esconde. Con todos y cada uno de tus 32 dientes.

Con tus miedos, con tus sueños
y con tu hambre de vivir cuando todo se pone oscuro.
Con tus ganas de mandarlo todo a la mierda cuando te cabreas y huir.

Capitán huiré contigo,
te encontraré
y te abrazaré tan fuerte que no sabrás si te he encontrado o te has encontrado encontrándome a mí.

Dame tiempo,
tiempo de merecerte,
de demostrarte que te vas a querer queriéndome a mí,
que no hay engranaje que encaje igual de bien tus manos con las mías.

Déjame que te demuestre que nunca vas a sentirte solo,
que le voy a pegar una patada a la soledad
y la voy a mandar igual de lejos que a la rutina.

Tengo como plan, no tener plan.
Improvisar,
hacerlo diferente,
hacerlo bien.
Hacerte a ti conmigo,
mirarte como un niño mira un juguete nuevo por primera vez,
besarte como el último beso de una pareja en un aeropuerto,
desearte como se desean dos amantes en un coche a las tres de la mañana, apoyarte, mimarte y cuidarte,
–joder, qué puto arte–
todo lo que el tiempo decida
y lo que los minutos nos dejen.

Aviso,
esto no es un poema,
ni quiero que lo sea,
esto eres tú gritando fuerte dentro de mí
y pidiéndome que te saque,
que aunque esto no sea poesía ya te encargas tú de serlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario