Éramos un sí pero no,
un semáforo en ámbar,
un edificio a medio hacer,
una bicicleta sin cadena,
un tenedor para comer sopa,
un gato sin pelo,
un libro sin autor,
una piscina rota,
una alarma pospuesta,
el "a ver si nos vemos" que nunca se cumple,
espaguetis con ketchup
y hamburguesas con tomate solís,
el "te echo de menos" a destiempo,
el cuadro torcido de tu salón,
la bombilla fundida de mi aseo,
el SÍ te quiero NO me gustas,
el "no eres mía" pero no quiero que seas de otro,
la botella a medio beber que escondes en las fiestas para volver a por ella
que nunca vuelves a por ella
y si vuelves ya no está.
Aquella película que no entiendes el final,
aquel chiste que cuando lo escuchas te ríes pero cuando lo cuentas nadie se ríe,
cerveza caliente,
y Yatekomo frío.
También eramos
primavera,
caricias,
risas,
ganas.
Ganas de dejar de ser cosas a medias,
de que el semáforo en ámbar se pusiera verde,
y entre tanta prisa
por ser algo nuevo,
nunca acabábamos nada.
Hasta que nos acabamos a nosotros y acabemos algo de una puta vez.
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