miércoles, 12 de agosto de 2015

Efecto mariposa.

Con la vida anexada a un borrador de Tom Kapinos,
y una foto de Freddy Krueger sonriéndole a Jason Voorhees.
Arrasé con las Antípodas el día que desnudé mi alma y descubrí que era infinita.

Hablo de lo mucho que me urgía sobrevivir, del efecto mariposa y los antílopes en mi pecho.
Hablo de ti.
De la necesidad de decirte que
te quiero,
como las emisoras de radio quieren a Fito,
como el cine a Anna Karina,
como el arte a Dalí
y la poesía a Bécquer y Neruda.

El día que te conocí prometí llevarme los versos más tristes de tus noches jurándole a Bécquer que jamás los dejaría volver,
comprendí lo equivocados que estábamos queriendo que nos amaran más y no mejor de lo que lo habían hecho.

Empecé amándote mejor,
y me sentí como un aerostato borracho o mucho más alegre.
Créeme que no sé mirarte de otra manera que no sea la de los primeros seres humanos del mundo que se miraron por primera vez,
o como un niño mira el mar por primera vez.

Entiéndeme, que por primera vez
eres la única vitamina que se toma por los ojos,
y no pienso desperdiciar ni un miligramo de ti.

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