jueves, 14 de julio de 2016

Te has ido. 
Y yo me he roto. 

Quítame la vida.
La misma vida que me dabas, quítamela.
Estoy a un empujón de caer de cabeza por  la terraza de este bonito edificio.
Empújame, te estoy esperando.
No me ha dado tiempo a escribir ninguna carta con la que puedas llorar después de matarme por haberme matado.
Estoy llorando sangre.
Es mi forma de sentirme viva mientras me despido.
Espero que no te tiemble el pulso en el momento idóneo de arrojarme al vacío. Recuerda que te dije:
'Ayúdame a matarme ya que has dejado de ayudarme a vivir.'

Me he ido. 
Y tú (aún) no te has roto.

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