Él es una isla disciplinada que abdica de penínsulas,
el estómago se le hace cuerpo cada vez que alguien intenta adelgazar sus sueños.
Y lucha para aliviar a los pájaros enjaulados en cerebros donde no cabe ni un complejo más.
Él ama que yo sea la lluvia de su isla y que baile claqué en cada gota.
Se apoderan de él tormentas de silencios que estallan en mares en los que yo amo ayudarle a nadar.
Se lesiona la memoria en los grandes almacenes del autoreproche,
cuando está gris yo le guío por el sendero de la felicidad,
que dura apenas dos latidos y entre ambos cabe la palabra “juntos”.
Déjame que te sirva una copa de Jim Bean,
sin escatimar,
aún nos queda toda la botella.
De fondo sonará Ferreiro,
la ropa encontrará su lugar en el suelo,
y nosotros cruzaremos el mundo sin salir de un abrazo.
y es cierto,
que estás en mi cabeza como Eva Braun en la de Hitler
y no niego,
que prefiero la locura contigo a la cordura en la cuneta del mundo y sus trampas.
Llega septiembre y todos preocupados por la huida del verano,
y yo feliz,
porque tú eres mi verano y tú te quedas siempre.